PARTE 2 - EL PND2050 ES OBLIGATORIO Y ALINEADO A AGENDAS EXTRANJERAS

El PND2050 no es un simple plan: es un marco obligatorio que condicionará politicas y presupuestos por 25 años y alinea al país con agendas externas sin debate público. Es urgente entenderlo y discutirlo antes de que sea irreversible

Posteado el 9 de diciembre de 2025 a las 08:15 por
Marcos León
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PARTE 2 — ¿QUÉ SIGNIFICA REALMENTE QUE EL PND 2050 SEA “OBLIGATORIO” Y “ALINEADO A AGENDAS GLOBALES”?

En la primera entrega alertamos sobre la naturaleza del Plan Paraguay 2050: un documento que no solo orienta, sino que condiciona el rumbo del Estado durante 25 años. Esta vez profundizamos en dos riesgos centrales: (1) su carácter de marco obligatorio que opera como supra-gobierno, y
(2) su alineación directa con agendas internacionales sin resguardos culturales, jurídicos ni antropológicos.


1. Un plan obligatorio que funciona como “poder paralelo”

El propio PND afirma que es el instrumento rector del Sistema Nacional de Planificación y que es obligatorio para todo el sector público, con sustento en los arts. 176 y 177 de la Constitución. Sostiene que su misión es garantizar continuidad de políticas de Estado y dar previsibilidad de largo plazo. Para esto, establece:

  • Sistemas de monitoreo y evaluación permanentes.

  • Indicadores, líneas de base, metas y tableros digitales.

  • Vinculación directa con el Presupuesto General de la Nación.

  • Conducción estratégica desde el MEF, con apoyo metodológico de organismos internacionales.

Esto, en un país democrático, merece un análisis serio: cuando un plan se vuelve obligatorio, se integra al Presupuesto y se administra por una estructura técnica centralizada, se transforma, de hecho, en un supragobierno que los futuros presidentes no podrán modificar fácilmente.

El riesgo jurídico es claro: la lógica de los indicadores empieza a pesar más que la lógica de la Constitución y del debate político. Lo “correcto” deja de ser aquello que surge del voto y del Parlamento, y pasa a ser aquello que “está alineado con el Plan y sus métricas”.

En lenguaje claro: Se instala un piloto automático del Estado, donde los "técnicos" deciden el rumbo y los gobiernos electos solo administran lo que ya fue decidido.


2. Alineación automática con agendas internacionales

…y el silencio sobre la identidad paraguaya

El Plan presume como virtud su alta coherencia con:

  • Agenda 2030,

  • Consenso de Montevideo,

  • Acuerdo de París,

  • Marco de Sendai,

  • Políticas de género globales,

  • NDC y reportes de transparencia climática.

Pero no explica cómo se traducen estos marcos en nuestro país, qué reservas se mantienen, qué límites marca la Constitución, ni qué visión de persona, familia y comunidad guía esas interpretaciones.

Aquí aparece el mayor vacío: El Plan no define una antropología paraguaya que ordene las políticas públicas. Tampoco defiende explícitamente:

  • La patria potestad,

  • La vida desde la concepción,

  • La libertad de ideario educativo,

  • La protección cultural de la familia paraguaya,

  • La identidad histórica y religiosa del país.

En ausencia de definiciones nacionales, se abre la puerta para que cualquier reforma, desde una educación falsa sexual integral sin valores, hasta modelos de salud adolescente teniendo como base de negocio la entrega de anticonceptivos, pasando por políticas de género y modificaciones jurídicas sensibles, se implementen  bajo un simple argumento técnico: “Lo exige el PND, lo exige la Agenda 2030, lo exige el Consenso de Montevideo”.

Y cuando un país empieza a justificar reformas profundas mediante “estándares internacionales”, sin debate democrático, la soberanía se vuelve simbólica y solo sirve para discursos que ayuden a camuflarse de conservador en encuentros interenacionales.


Preguntas que debemos hacernos, pero ahora, no dentro de una década

Considero, de verdad que hoy corresponde avanzar un paso más y preguntarnos, nuevamente con honestidad y responsabilidad:

  • Si el PND 2050 se vuelve la brújula obligatoria del Estado… ¿Estamos dispuestos a que las próximas cuatro o cinco generaciones de políticas públicas respondan más a “indicadores internacionales” que a la voluntad de los paraguayos?
  • Si el plan se alinea automáticamente con agendas globales… ¿Quién garantiza que esos marcos respeten nuestra identidad cultural, nuestra Constitución y nuestras convicciones nacionales?
  • Si no definimos límites antropológicos y éticos claros… ¿Quién impedirá que se importen modelos educativos, sanitarios y sociales que ya fracasaron en otros países?
  • Si la estructura técnica se fortalece más que el control democrático… ¿Los ciudadanos seguiremos decidiendo el rumbo del Paraguay o solo validaremos decisiones tomadas en escritorios internacionales?
  • Si el Plan es obligatorio, rígido y sin contrapesos… ¿Qué capacidad real tendrá un futuro gobierno para corregir errores, excesos o desviaciones ideológicas que hoy todavía podemos prevenir?

Estas preguntas no buscan sembrar miedo, sino despertar responsabilidad. Porque cuando un Estado fija un rumbo para 25 años, tiene la obligación de explicar, debatir y justificar cada palabra, cada indicador y cada alineamiento internacional. Y mientras ese debate no exista, mientras no tengamos claridad sobre los alcances, límites y reservas del PND 2050, estos cuestionamientso se hacen cada vez más es inevitables y las respuestsa más evidentes:

Hasta cuando permitiremos que se siga cediendo demasiada soberanía interpretativa? hasta cuando dejaremos que sigan adelantando consentimientos a reformas futuras? y a su vez generando demasiado obligaciones políticas sin control democrático? ¿Hasta cuando vamos a dejar que "politicos" y 'tecnicos conviertan compromisos internacionales en mandatos internos sin debate parlamentario? Hasta cuando vamos a dejar nos sigan instalando marcos ideológicos por vía administrativa, sin debate público?

¿De verdad, estamos construyendo el futuro del Paraguay… o estamos permitiendo que otros lo construyan en nuestro nombre?