Marcos León
LA TRAMPA DEL LENGUAJE “NEUTRAL” EN EL PND2050
El Plan Nacional de Desarrollo Paraguay 2050 abre con una frase aparentemente inocua: “Para el presente documento se ha optado por el uso de sustantivos y adjetivos genéricos… dichos genéricos incluyen a mujeres y hombres sin discriminación.” Parece una declaración técnica, una garantía de neutralidad. En realidad, es un cazabobos discursivo diseñado para desactivar sospechas antes de introducir, a lo largo del plan, un contenido cargado de categorías de género y marcos ideológicos importados.
Porque la neutralidad prometida desaparece apenas avanzamos unas páginas. El documento utiliza de forma repetida y operativa términos como brechas de género, equidad de género, desigualdades de género, enfoque de género, participación diferenciada por género. No son adornos: son criterios estructurales incorporados en indicadores, objetivos y diagnósticos que orientarán las políticas públicas durante los próximos 25 años.
Si el plan fuera verdaderamente neutral, jamás convertiría el “género” en variable obligatoria de educación, salud, empleo, cuidados y planificación territorial. Sin embargo, lo hace sin definir qué entiende por género. Ese vacío no es casual: habilita interpretaciones posteriores —por organismos internacionales, ministerios o gobiernos futuros— que pueden ir desde la igualdad hombre-mujer hasta la identidad de género autodeterminada o políticas de educación sexual obligatoria.
Así, mientras el PND dice “no usamos lenguaje inclusivo”, construye un andamiaje estatal donde el género —no definido, no limitado— se vuelve central en la toma de decisiones. La trampa es clara: tranquiliza con el estilo, avanza con el contenido.
Y no se trata solo del contenido. El PND 2050 es obligatorio para todo el sector público y funciona como marco rector de educación, salud, protección social, presupuesto y planificación territorial. Si ese marco incorpora el género como eje transversal sin límites, el concepto será moldeado por quienes tengan más poder político o financiamiento externo. Esa arquitectura formará a nuestros hijos, condicionará instituciones y moldeará la vida social de Paraguay hasta el 2050.
Y SI... ESTO NO ES NUEVO… PERO ESTA VEZ ESTÁ MEJOR DISEÑADO
Los paraguayos ya estamos acostumbrados al lenguaje progresista disfrazado de tecnocracia. Nada nuevo en ver documentos oficiales plagados de “equidad de género”, “inclusión”, “brechas”, “grupos vulnerables”, “diversidad”, etc. Sabemos de sobra que esas palabras son el caballo de Troya para instalar la agenda woke sin nombrarla.
Lo que SÍ es nuevo —y grave— en el PND 2050 es la ingeniería institucional que acompaña ese lenguaje. Aquí no estamos ante un documento más: estamos ante un plan obligatorio, declarado instrumento rector del Estado, que articulará presupuesto, políticas públicas, planes educativos, estrategias de salud y normas futuras durante los próximos 25 años.
Es decir: lo que hoy aparece escrito de modo ambiguo se convertirá en la regla del juego para toda una generación. Y en el capítulo de “Inclusión social y género” está la fractura más profunda del modelo antropológico que sostendrá Paraguay hasta 2050… si no lo detenemos.
1. LO QUE EL PND DICE — Y CÓMO LO DICE PARA SONAR INOFENSIVO
El PND 2050 se apoya deliberadamente en una “amplia red de tratados internacionales” (PIDESC, CEDAW, CDN, CDPD, OIT, ONU indígenas).
Esta es la frase clave:
“La inclusión social se articula con una amplia red de tratados internacionales de derechos humanos.”
Ya no se puede ignorar el problema que esconden estas frases. Cualquier persona que sigue la agenda global sabe lo que eso significa: Importar conceptos ajenos y normativas que ya fueron usadas en otros países para instalar leyes de identidad de género, educación sexual obligatoria y redefinición de familia.
Además, el PND repite de forma obsesiva el trinomio: “brechas de género”, “equidad de género”, “desigualdad de género” y en cuestiones de empleo, salud, educación, cuidados, inclusión y protección social.
Pero como seimpre, jamás define qué entiende por género, y sabemos bien que ese silencio no es casual: es la puerta abierta para que mañana se interprete “género” según los marcos ideológicos más radicales, pero como estamos en Paraguay, mejor escondámoslo hasta donde se pueda, pero no del todo porque tiene que estar en el documento.
2. LO QUE EL PND2050 NO DICE — AHÍ ESTÁ EL PELIGRO REAL
2.1. No define la familia
Ya lo mencionamos en entregas anteriores, pero es importante meniconarlo también en este contexto: El Plan habla de “familias” como actores del sistema de cuidados, pero no define qué es una familia. No distingue entre matrimonio hombre - mujer, uniones ocasionales o cualquier convivencia.
Cuando el Estado deja indefinida la familia, lo que hace es habilitar que otros la definan por él: agencias, ministerios, grupos de presión, cooperación internacional.
2.2. No define qué entiende por igualdad de género
¿Es igualdad entre varón y mujer? ¿O es igualdad basada en identidades autopercibidas? No lo dice. Y ese vacío será llenado por el ministerio, la cooperación o la normativa que venga después.
2.3. No protege instituciones con ideario propio
Colegios, universidades, hospitales, centros de formación, todos quedan atados a indicadores e “inclusión” definidos por el Estado. No aparece ni una sola referencia a: objeción de conciencia, libertad institucional, libertad pedagógica, derecho de los padres a decidir la educación moral y sexual de sus hijos.
Todo debe alinearse al PND. Todo. Eso significa: si mañana el Ministerio interpreta “equidad de género” como educación sexual ideológica, esa será la norma para todos.
3. LO QUE GENERARÁ EN LA PRÁCTICA: UN CAMBIO RADICAL Y SILENCIOSO
3.1. Educación sujeta a contenidos ideológicos
El PND obliga a que toda educación sea “integral, inclusiva y con enfoque de género”. Eso significa que dentro de 5, 10 o 15 años, todas las escuelas estarán obligadas a incluir contenidos que hoy serían impensables, porque el propio PND será usado como paraguas jurídico para hacerlo.
3.2. Presupuesto público condicionado a aceptar esa agenda
Si el PND es el marco rector, ninguna institución podrá recibir fondos, firmar convenios o ser acreditada si no se ajusta a los indicadores del plan. Para los colegios, universidades y hospitales con ideario cristiano o personalista, esto significa una cosa: pagar por sobrevivir o claudicar al ideario para continuar operando.
3.3. Ingenierías legales futuras que ya quedan preparadas
El PND no dice “identidad de género”, no dice “educación sexual obligatoria”, no dice “ley antidiscriminación”. Pero al incorporar: tratados, indicadores, enfoque de género transversal, sistema de planificación obligatorio ya deja el terreno fértil para que esas leyes aparezcan después como “coherencia con el PND”.
3.4. Una generación moldeada con base en categorías artificiales
Si el Estado administra los contenidos de género, los cuidados y la educación integral por 25 años: Los niños del 2030, 2035, 2040 crecerán educados en una visión del ser humano desligada del cuerpo, de la identidad sexual natural y de la familia como núcleo real. Se formará una ciudadanía dependiente de categorías ideológicas, no de su realidad personal. Se perderán las referencias antropológicas que han sostenido a nuestro país por siglos.
La batalla será cultural, generacional e irreversible.
4. EL PROBLEMA ESTRUCTURAL: EL PND COMO “GOBIERNO PARALELO”
Una vez más es importante recordar en este contexto... El PND no es una política pública más. Es un supragobierno tecnocrático que: fija una visión del país hasta 2050, condiciona el Presupuesto General de la Nación, obliga a todos los ministerios y gobiernos locales a alinearse, articula indicadores y metas no discutidas democráticamente, y se apoya en cooperación extranjera para monitorear el cumplimiento.
Es, en los hechos, un marco obligatorio que limitará lo que futuros gobiernos puedan modificar, por más que Paraguay elija un presidente conservador, patriota o personalista.
5. LA PREGUNTA QUE DEBEMOS HACERNOS HOY
El PND 2050 instala una arquitectura donde la “inclusión” y “el género” no son discusiones abiertas, sino ejes estructurales obligatorios que definirán: cómo se educará a nuestros hijos, qué podrá enseñar un colegio, qué podrá financiar el Estado, qué leyes vendrán, qué libertades podrán ejercer las instituciones, qué visión de persona será válida en Paraguay.
Entonces la pregunta es directa: ¿Estamos dispuestos a entregar la formación de nuestras futuras generaciones a un lenguaje ambiguo que, en manos equivocadas, puede destruir la identidad cultural, familiar y personalista de Paraguay por los próximos 25 años?